Un discurso mágico que gana en mistério


Stella Mezzadri se encuentra inmersa en la búsqueda del yo en la estructura de la forma en sus composiciones de óleo sobre tela. Una búsqueda a través del subconsciente, de lo onírico insertado en la dinámica de la progresión formal, adentrándonos en lo enigmático del misterio. Capta estadios de la mente, cada vez con mayor claridad.

El misterio que basa su fortaleza en la presencia de la ausencia, en lo que no dice pero que está explícito, dado que capta atmósferas, es más, elabora situaciones a partir de formas que pertenecen al mundo vegetal, pero que, una vez desprovistas de referencias, se convierten en partes del puzzle interior, de la realidad evidente del organigrama onírico que viaja sin adjetivos por la fenomenología del gesto. Por eso su obra es menos descriptiva, busca más la formulación del concepto interior, la captación del estado de ánimo, conectándonos con el mundo dévico, con los dioses de la naturaleza, con la presencia y la insinuación de la iluminación del espíritu, contenida en los centelleos o fogonazos de una evidencia lumínica que se hace cada vez más clara a medida que observamos con detenimiento su obra.

Su pintura ha ganado en profundidad, sirviéndose del color como termómetro de esta intensidad, partiendo de la cromaticidad, capta y expresa estadios del alma. Refleja momentos interiores, paisajes álmicos, fuerzas que son parte de la naturaleza, que son movimiento y gesto, de origen vegetal y dévico, que se transforman en fundamentos de un discurso plástico que gana en misterio, que incorpora elementos más enigmáticos, para adentrarnos en su particular laberinto. Un laberinto que forma parte de un posicionamiento central de Stella Mezzadri basado en la determinación del cambio para adentrarse en la fenomenología del espíritu. Abandona la forma, el espejismo, el maya controlado, por una obra más entera, en el sentido que se adentra en lo subconsciente, en el poder evocador de la energía transformadora, en la fuerza de lo plástico sin necesidad de recurrir a íconos descubridores de una realidad que se presume, pero que está formada por un conglomerado dispar de situaciones, o bien por concentraciones energéticas que la artista trata con determinación.

Su composición, elaborada en óleo sobre tela, está basada en colores y tonos propios, difuminados y degradados, tonos intensos pero sutiles a la vez, que conforman una paleta que acompaña el mundo psicológico de la autora argentina.

Joan Lluís Montané

De la Asociación Internacional de Críticos de Arte de Argentina



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