Poder y democracia en la Red

Sally Burch
ALAI AMLATINA

En un plazo de apenas dos décadas, Internet y las tecnologías digitales se han instalado en el quehacer diario de gran parte de la humanidad y en torno a ellas se está reorganizando un sinfín de ámbitos de la sociedad. Son tan convenientes –y seductoras– que vivir sin ellas resulta casi impensable; y esto es apenas un inicio, en relación a los cambios que vienen.

No obstante, la misma rapidez con que ello está ocurriendo no deja el tiempo de apreciar plenamente sus implicaciones en los diversos planos, desde la organización de la economía hasta el poder político, pasando por los derechos humanos, el desarrollo cultural o las estructuras sociales. Pero hay signos bastante preocupantes.

Si bien Internet fue concebida originalmente como un espacio abierto, descentralizado y no-comercial (y en mucho ha contribuido, efectivamente, a democratizar las comunicaciones), en estas dos décadas de comercialización se ha producido una concentración y centralización inauditas. Por un lado está la concentración tecnológica, como sucede, por ejemplo, con los grandes cables internacionales de fibra óptica[1] que interconectan países. Por otro lado, está la concentración de contenidos y datos personales, sea en las llamadas redes sociales, en los servidores que ofrecen almacenamiento en la “nube”, en monopolios como Google que rastrean datos y comportamientos personales en la red, o en empresas agregadoras de datos (big data) que establecen perfiles de usuarios, y en las propias agencias de seguridad, entre otros.

Las revelaciones de Edward Snowden sobre el espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de EE.UU. confirman que los usos de esta información van desde el espionaje a diplomáticos (incluso con la colaboración de hoteles de lujo) para tener ventajas en las negociaciones internacionales, hasta aprovechar datos íntimos de líderes políticos de cualquier país, sea para desacreditarlos públicamente cuando convenga, sea para chantajearlos. Pero también, ha salido a luz que hay empresas que crean perfiles de usuarios/as, que incluyen las vulnerabilidades de los consumidores/as, con miras a explotarlos mejor[2].

Hasta aquí estamos hablando esencialmente de las huellas que todas las personas dejan al navegar en el mundo digital. Pero con la próxima generación de dispositivos inteligentes –que ya están llegando– será también su vida cotidiana en el domicilio o en la calle la que generará estas huellas, comenzando con la Smart TV, la refrigeradora inteligente, el medidor de luz que se comunica con la empresa, la alarma de humo que alerta a los bomberos, los identificadores de placas de los autos en las autopistas… para nombrar algunos. Todos ellos tendrán la capacidad de comunicar elementos como el consumo, horarios, desplazamientos, hábitos (fumar, insomnio, dietas), etc.

Se estima que apenas el 1% de los dispositivos susceptibles de tener una dirección IP (identificador de Internet) lo tiene actualmente. Hacia delante, cada equipo nuevo será parte de la Red, y se hará cada vez más difícil –e inconveniente– optar por desconectarlos. Este fenómeno se conoce como el “Internet de las cosas”. En el mundo de mañana, si no se introducen controles y protecciones, casi todo lo que hagamos será recopilado, almacenado, analizado, reprocesado y vendido, no sabremos a quién. El poder que esta infinidad de datos permitirá acumular en las pocas entidades con capacidad de recopilar y procesar tales cantidades de información, rebasa la imaginación.

Concentración acelerada

Este fenómeno de concentración se debe a las características particulares de la economía en la Red (el llamado network effect), que conllevan a la conformación de monopolios, debido a que los usuarios prefieren al servicio más exitoso, donde se encuentran más personas. Por ello, Internet hoy está dominada por una docena de megacorporaciones (todas ellas estadounidenses), que van absorbiendo en el camino a la competencia. La mayoría tiene menos de 15 años de existencia. Con el poder descomunal de estas corporaciones, el resto del mundo podría estar frente a una reedición del neocolonialismo, con sus secuelas de dominación cultural, extracción de riqueza e injerencia política.

Que ya no exista privacidad, ni seguridad en las comunicaciones, es bastante preocupante. Pero aún más peligroso es justamente cómo se está reconfigurando el poder, y su concentración en manos de quienes controlan las tecnologías y los conocimientos. Poder que les permite acumular aún más riqueza, tecnología más sofisticada y, por ende, más poder, en un círculo vicioso, que viene a ser una amenaza para el futuro de la democracia misma. Este poder está concentrado en las agencias de seguridad (principal, aunque no únicamente, de la Alianza “5 ojos”: EE.UU., Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelandia) y en las grandes empresas monopólicas de Internet, con una clara colusión entre ambas, lo que se evidencia por las “puertas traseras” clandestinas integradas al hardware y software que venden las empresas –o que prestan “sin costo”–, lo que facilita a las agencias de seguridad sustraer y descodificar información.

Muchos gobiernos están preocupados luego de las revelaciones sobre la escala del espionaje de las agencias de seguridad. Pero ello no significa que todos tengan las manos limpias. Es conocido que muchos gobiernos realizan prácticas similares, aunque en menor escala. Y no faltarán autoridades que se abstengan de criticar a la NSA a cambio de recibir datos que puedan servirles para robustecer su poder.

En cuanto a la ciudadanía, hasta hace poco, la mayoría de personas ha venido usando las tecnologías digitales sin preocuparse quién las gestiona y las controla; pero con las últimas revelaciones, comienza a despertarse la conciencia de que el tema sí importa. No obstante, mientras la tecnología digital avanza a pasos agigantados, los marcos legales, los derechos y los mecanismos para garantizar su vigencia siguen al ritmo del mundo analógico. Y si bien algunos países tienen marcos de protección de derechos un poco más avanzados en la materia, como la Unión Europea, y próximamente Brasil (que acaba de aprobar en la Cámara de Diputados el Marco Civil de Internet) su capacidad sigue siendo limitada frente a una Internet sin fronteras.

El modelo multisectorial

Lo que esta situación ha puesto en evidencia es que los mecanismos de gestión y gobernanza en el mundo Internet no están funcionando debidamente, o al menos no en beneficio de las mayorías. Y aquí tenemos un área más –al igual que el medio ambiente, el cambio climático o el sistema financiero mundial– donde la ausencia de mecanismos adecuados y democráticos de gobernanza global está exponiendo al mundo a consecuencias potencialmente gravísimas.

Desde los inicios de Internet, y en particular a partir de las negociaciones en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (CMSI, 2003/2005), EE.UU. ha impuesto el “modelo multisectorial” como patrón para la gobernanza de Internet. Este modelo (en inglés multistakeholder, literalmente, de las múltiples partes con intereses en el tema) implica nominalmente la participación de gobiernos, sector privado y sociedad civil; pero en la práctica se ha traducido a que las empresas privadas tengan la voz cantante en las decisiones En las instancias que controlan Internet, se suele priorizarlo en contraposición a lo multilateral (intergubernamental), como si las dos cosas fueran mutuamente excluyentes, sin diferenciar entre las áreas técnicas, donde el sector privado podría tener ciertas competencias, y las áreas de política pública (derechos, resolución de conflictos de interés, restricción de monopolios) que exigen representatividad democrática.

El Foro Económico Mundial (FEM) ha propuesto incluso que el modelo multisectorial debe ir remplazando los mecanismos de las Naciones Unidas, considerados como arcaicos e ineficientes. El informe de la Iniciativa de Rediseño Global del FEM titulado Un asunto que nos concierne a todos: reforzar la cooperación internacional en un mundo más interdependiente[3] plantea una “mejor coordinación” entre un grupo selecto de líderes, como la mejor manera de abordar problemas complejos. Los acuerdos intergubernamentales, marcos internacionales y la legislación de cumplimiento obligatorio ya serían cosa del pasado; la época demanda voluntarismo, códigos de conducta y legislación no vinculante. ¿Y la democracia en eso? Pues… más bien ya se trataría de la “posdemocracia”.

Este modelo multisectorial ya se está implementando en varios foros internacionales de elaboración de políticas públicas relacionadas con la industria y los negocios, pero la gobernanza de Internet es quizás donde más ha avanzado, y su profundización podría ser un ensayo para ampliarlo a otras áreas, en momentos en que el poder económico busca soluciones a la crisis económica global.

En este sentido, llama la atención que el multisectorialismo esté al centro de las propuestas de la próxima reunión NetMundial, convocada por el gobierno de Brasil.

NetMundial

Fue a raíz de las revelaciones del espionaje de la NSA al gobierno brasileño y a la propia presidenta, Dilma Rousseff, que ésta convocó una reunión mundial, sobre el futuro de la gobernanza de Internet. “NetMundial”[4] es definida como una “Reunión Multisectorial Global”, y tendrá lugar en São Paulo, el 23 y 24 de abril de 2014. 12 países actúan de anfitriones: Alemania, Argentina, Brasil, Estados Unidos, Francia, Ghana, India, Indonesia, Corea del Sur, Sudáfrica, Túnez y Turquía.

La reunión abordará dos temas centrales: la elaboración de principios universales (no vinculantes) de gobernanza de Internet; y una propuesta de itinerario para la futura evolución del ecosistema de gobernanza de Internet. La participación presencial será limitada a aproximadamente 700 - 800 personas (más periodistas), incluyendo representantes de gobiernos, sector privado y sociedad civil, pero se prevén, además, facilidades de participación remota, en línea y en “hubs” locales conectados por Internet, de los cuales hay 33 confirmados en 23 países. Además, se abrió previamente un proceso de presentación de documentos por parte de actores interesados; más de 180 aportes ya se pueden consultar en línea[5].

Carlos Afonso, miembro del Comité Gestor de Internet en Brasil (CGI.br) y de la comisión ejecutiva de NetMundial por el sector de la sociedad civil, al responder a una entrevista de ALAI sobre la organización de NetMundial y su relación con otros procesos existentes de gobernanza de Internet, aclara que: “La reunión de Brasil ha sido convocada conjuntamente por el gobierno de Brasil y por un foro de entidades (1net[6]) de la llamada ‘comunidad técnica’, creado por esas entidades a partir de la Declaración de Montevideo[7]: declaración motivada por la percepción del alcance masivo del espionaje de EEUU y sus aliados Inglaterra, Australia, Nueva Zelandia y Canadá”. Respecto a la participación, cuyos mecanismos han recibido críticas de algunos sectores de la sociedad civil, explica que bajo la égida de CGI.br y 1Net, se organizó un proceso de selección para constituir comités que asuman todo el proceso de organización, definiciones y logística del evento. Y añade que el comité ejecutivo multisectorial se encargó de buscar “el mejor balance de representación posible utilizando varios criterios: regional, presencia de países ‘del Sur’, género y otros, para los tres sectores (sociedad civil, sector privado, comunidad técnica/académica)”.

En cuanto a la diferencia entre NetMundial y otros foros como el Foro de Gobierno de Internet (IGF) o la CMSI+10, Carlos Afonso responde que: “El IGF es un foro convocado y controlado por el secretariado general de Naciones Unidas, ahora bajo la coordinación de la Comisión sobre Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CSTD), consecuencia de los acuerdos de Túnez al final del proceso de la CMSI en 2005. Por imposición del secretariado y con el apoyo de representantes del sector privado y algunos gobiernos del Occidente, el IGF hasta ahora no ha podido hacer recomendaciones de ningún tipo. El CMSI+10 es parte de un proceso de evaluación de los acuerdos de Túnez, que culminará en un evento en el 2015.”

En cuanto a los puntos centrales que están en juego en las negociaciones globales sobre gobernanza de Internet, Afonso opina que incluyen, primero: “la coordinación de la infraestructura lógica de la red: distribución y asignación de nombres de dominio y direcciones IP; definición de protocolos y métodos seguros del sistema de nombres de dominio; coordinación de los métodos de conexión y ‘routing’, etc. Básicamente involucra a ICANN[8], su contrato con el Depto. de Comercio de EEUU, y el control de la raíz de nombres y números, además de estructuras de coordinación como IETF y el grupo de registradores regionales de números (LACNIC entre ellos)”.

Otros temas clave serían: “los derechos de acceso a la red y la neutralidad de la misma a nivel de la conexión en la punta. Las protecciones de derechos relacionados a contenidos y aplicaciones, sobre todo el derecho a la privacidad y a la libertad de expresión en la red. Los conflictos o diferencias entre las legislaciones y políticas nacionales y la universalidad de la red: que involucra cuestiones comerciales, impositivas, cambiarias, de seguridad, de jurisdicción en caso de litigios, etc.”.

De un borrador del documento de acuerdos de NetMundial, filtrado por Wikileaks https://wikileaks.org/netmundial-outcome/, se desprende el compromiso central con el modelo multisectorial en todas las instancias de gobernanza, si bien pone mucha insistencia también en procesos transparentes y garantías para la participación equitativa de todas las partes interesadas.

Las propuestas que salgan de NetMundial se encaminarán a otros foros y en particular a la próxima Asamblea General de la ONU, en septiembre. Entretanto, en junio se realizará una reunión de alto nivel organizado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones -UIT- en el marco de la CMSI+10.

Para quienes defienden la democracia, e Internet como espacio abierto y parte de los bienes comunes, resulta urgente impulsar un debate público amplio y a fondo sobre estos temas, en el plano nacional e internacional, con miras a buscar soluciones en un marco democrático, donde prime el interés público. De lo contrario, las salidas se impondrán cada vez más desde los poderes fácticos.

Ante esta preocupación, y dada la frustración por el marginamiento de voces críticas del statu quo en espacios como el IGF, se acaba de crear la Coalición por una Internet Justa y Equitativa (Coalición Just Net), comprometida con una red de redes que contribuya al avance de los derechos humanos y la justicia social. La Coalición propone trabajar por la reconfiguración de la gobernanza de Internet hacia un espacio auténticamente democrático.

- Sally Burch es periodista de ALAI.

Notas:
[1] Estos cables han facilitado mucho la tarea de espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de EE.UU., que con la intervención en apenas unos 190 centros de datos, puede monitorear casi todo los flujos del mundo, de Internet, telefonía, etc.
[2] Una reciente investigación en el Comité de Comercio del Senado de EE.UU., sobre las prácticas de negocios de los nueve mayores agregadores de datos, encontró que estas empresas recolectan datos desde los anodinos hasta los muy delicados (como historiales médicos), y con ellos generan perfiles que venden sin preocuparse de saber para qué se utilizarán. Al menos una empresa reconoció definir categorías de personas, como una que llama “Viejos buenitos” (Oldies but Goodies), descrita como personas “crédulas” que “quieren creer que su suerte cambiará”. Ver http://www.alainet.org/active/72608.
[3]http://www.weforum.org/pdf/grs2010/report/Executive-Summary_Spanish.pdf. Ver también: http://www.tni.org/article/not-everybodys-business
[4]http://netmundial.br/
[5] Lista de hubs remotos: http://bit.ly/1dYRP1m. Documentos presentados: http://content.netmundial.br/docs/contribs
[6]http://1net.org
[7]http://www.icann.org/es/news/announcements/announcement-07oct13-es.htm
[8] ICANN: Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números. http://www.icann.org. IETF: Grupo de trabajo de ingeniería en Internet. www.ietf.org LACNIC: Registro de Direcciones de Internet para Latinoamérica y el Caribe. http://www.
lacnic.net


* Este artículo es parte de la edición No 494 de la revista “América Latina en Movimiento”, titulada: “Internet, poder y democracia”, que estará en circulación a partir del 11 de abril, como contribución a estos debates. La revista incluye aportes de los siguientes autores: Julian Assange, Robert McChesney, Michael Gurstein, Prabir Purkayastha, Alex Gakuru, Norbert Bollow, Bia Barbosa, Pedro Ekman, Richard Hill.

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